Como lo hemos venido planteando en Esencia y Presencia, el cerebro de un meditador riguroso puede generar cambios gracias a los beneficios de la meditación, información que coincide con recientes hallazgos neurocientíficos, que muestran que el cerebro adulto puede ser profundamente transformado por la experiencia, en este caso por la meditación profunda. Conozcamos a continuación de qué se trata. Para ello mencionaremos a los autores más relevantes en el estudio del cerebro de un meditador:

  • Matthieu Ricard: Monje Estudió biología celular antes de abandonar Francia hace 40 años para convertirse en estudiante del budismo en el Himalaya.
  • Antoine Lutz: Investigador del Instituto Nacional de la Salud e Investigación Medica de Francia, trabaja en la Universidad de Wisconsin-Madison. Ha liderado el estudio de la neurobiología de la meditació
  • Richard Davidson: Pionero en la ciencia de la meditación y director del Laboratorio Waisman de Neuroimagen y Comportamiento de la Universidad de Wisconsin-Madison.

El descubrimiento de los beneficios de la meditación coincide con hallazgos recientes en neurociencia, que demuestran que el cerebro adulto todavía puede transformarse profundamente a través de la experiencia. Estos datos, revelan que cuando aprendemos hacer malabares o a tocar un instrumento, el cerebro experimenta cambios a través de un proceso llamado neuroplasticidad. Los datos recopilados en esta investigación han comenzado a demostrar que la meditación reorganiza las conexiones de los circuitos cerebrales para producir efectos saludables no solo en la mente y el cerebro, sino en el organismo entero. La revista de Neurociencia “Investigación y Ciencia”, publicó un artículo donde relata como experimentos científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, con la participación de otras 19 universidades, junto a más de cien practicantes del budismo monacales y laicos, a través del uso de resonancia magnética funcional, hallaron que veinte practicantes expertos en un tipo de meditación budista, presentaban un mayor volumen de tejido cerebral en la corteza prefrontal (áreas 9 y 10 de Brodmann) y en la ínsula; esto en comparación con un grupo de control. Estas regiones intervienen en el procesamiento de la atención, la información sensorial y las sensaciones internas corporales. La meditación de conciencia plena y el cambio en ciertas regiones cerebrales La atención plena o mindfulness (ampliamente utilizada en nuestros programas), intenta cultivar una conciencia menos reactiva a las emociones. En la atención plena, el meditador permanece atento, momento a momento, a cualquier experiencia sin centrarse en nada específico. Dicha práctica, según dan cuenta los análisis de científicos efectuados en la Universidad de Pittsburgh, realizados a través de la toma de imagen de resonancia magnética (IRM) revelan que la meditación mindfulness cambiaría profundamente la forma en que las diferentes regiones del cerebro se comunican entre sí; por lo tanto, la forma en que uno piensa permanente, refieren que después de un curso de ocho semanas de práctica de meditación mindfulness, la amígdala, que es la zona del cerebro de lucha-huida, parece encogerse. Esta región del cerebro, asociada con el miedo y la ansiedad, está implicada en la activación de respuestas del cuerpo al estrés. A medida que la amígdala se contrae con la meditación, la corteza prefrontal, asociada a funciones cerebrales superiores como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones, se engrosa. La conexión entre la amígdala y el resto del cerebro se vuelve más débil, mientras que las conexiones entre las áreas asociadas con la atención y la concentración se hacen más fuertes. Otro punto que destacar es la relación con el dolor, es que tras exposiciones repetidas a un tipo de estímulo doloroso, la repuesta del cerebro en las regiones relacionadas con el dolor se habituaba a ellos más pronto, en comparación con los novatos; lo que se refleja en un aumento en la capacidad para controlar y amortiguar respuestas fisiológicas básicas (inflamación). Por último, mencionaremos al psicólogo clínico John Teasdale, egresado de la Universidad de Cambridge, quien describió en el año 2000 el efecto de la meditación de consciencia plena en los pacientes que habían sufrido al menos tres episodios de depresión. Por ello, menciona que la práctica de esta durante seis meses, junto con la terapia cognitiva, reducía el riesgo de recaída casi un cuarenta porciento, un año después del inicio de una deprésión grave. Gracias a todos estos estudios y planteamientos realizados, podemos corroborar que una meditación rigurosa puede generar cambios transcendentales en el cerebro y ayudar a mantener una salud emocional y física que permite que el cuerpo humano este menos propenso a cualquier tipo de vulnerabilidad. Una vez más queda en manifiesto que la ciencia y el espíritu se unen para promover el bienestar humano. Si quieres leer el artículo completo sobre el estudio en Wisconsin con sus respectivas imágenes ingresa a este link https://goo.gl/TCFjPo

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